En la mañana del Viernes Santo, en la Iglesia del Santo Sepulcro, se conmemora la Pasión y la muerte del Señor en el Calvario. Mientras cientos de peregrinos aguardan afuera pacientemente a que las puertas se abran, a muchos les cuesta captar que están en el preciso lugar en el que Jesús murió y resucitó. Un peregrino italiano nos cuenta que "es difícil expresar lo que se siente, porque es un lugar que relata la historia de cada uno de nosotros". Por la tarde, los fieles, clero y religiosos, liderados por los franciscanos, recorren el Vía Crucis en la Vía Dolorosa evocando los momentos finales de Jesús antes de ofrecer su vida para el bien de la humanidad. Tal como el Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, escribió en la segunda parte de su libro más reciente, Jesús de Nazaret, la sangre de Cristo que entonces se derramó "no clama por venganza y castigo, sino que nos trae reconciliación. No se derrama contra nadie, sino por muchos, por todos".
Los eventos de la semana alcanzan su punto culminante en la Vigilia Pascual del Sábado Santo, que pone punto final a los cuarenta días penitenciales de la Cuaresma, con la exuberante celebración de la Resurrección del Señor. En la Iglesia del Santo Sepulcro, que las Iglesias Orientales denominan la Iglesia de la Resurrección, el día se señala mediante la famosa celebración del Fuego Sagrado. Muchos creen que se trata del milagro testificado más antiguo de la Cristiandad, ya que está documentado desde al menos el año 1106 d.C. En este momento, largamente esperado, el Patriarca Ortodoxo Griego ingresa en la tumba de Cristo, después que representantes de las autoridades israelíes lo revisaron para comprobar que no tiene un encendedor o cualquier otro medio para encender fuego. Mientras los fieles entonan afuera oraciones e himnos, el Patriarca, solo dentro de la tumba, pronuncia algunas plegarias hasta que el fuego santo surge espontáneamente de la piedra bajo la cual yace el cuerpo de Jesús y enciende las 33 velas blancas que el Patriarca ató juntas. El fuego milagroso, que evoca el poder de la resurrección y el arbusto ardiente del Monte Sinaí, inaugura la celebración de la resurrección, que continuará no solo en el Domingo de Resurrección, sino también durante todos los ocho días de la Octava de Pascua. Para los miles de peregrinos que han acudido a la Ciudad Santa durante esta gran festividad y en particular, para los pocos que lograron entrar en la Iglesia de la Resurrección en esta ocasión única, la celebración de la Semana Santa en Jerusalén seguirá viva en la memoria y servirá de inspiración para su fe que continuará con ellos y que sin lugar a dudas guardarán en el corazón por el resto de sus vidas.
André Villeneuve
